Los exámenes psicológicos practicados a Andreína Lamota no solo desnudaron los móviles del reciente crimen de su madre, Martha Solís, en Guayaquil, sino que ratificaron una estructura mental de desprecio por la vida que las autoridades ya habían identificado en el pasado. De acuerdo con los registros judiciales, la procesada empleó el mismo patrón de frialdad en 2022, cuando asesinó a su amiga Jennifer Banguera, cuyo cuerpo fue hallado dentro de una maleta y cubierto con cal.
Los peritos explicaron que la agresora posee una tendencia patológica a la mentira y a la manipulación para evadir su responsabilidad y generar compasión. Detrás de su conducta delictiva, el historial clínico reveló un entorno complejo marcado por traumas no resueltos, que incluyen abusos durante su niñez por parte de un familiar, adicciones a sustancias, intentos de suicidio y una marcada obsesión con su imagen física. Lamota permanece bajo estricta custodia mientras avanza el proceso penal que busca la pena máxima por este doble historial de sangre.











