El expresidente Rafael Correa ha encendido nuevamente el debate político en Ecuador tras lanzar polémicos señalamientos sobre la supuesta influencia de Estados Unidos en la administración de Daniel Noboa. En sus declaraciones más recientes, Correa apuntó directamente hacia el secretario de Estado, Marco Rubio, sugiriendo que el funcionario estadounidense podría estar ejerciendo presión o influyendo en las decisiones estratégicas del Ejecutivo ecuatoriano.
A pesar de la gravedad de sus palabras, el exmandatario no presentó evidencias públicas que respalden la existencia de acuerdos o injerencias directas. Sin embargo, sugirió que una posible visita de Rubio al país no sería meramente protocolaria, sino que tendría como trasfondo una agenda política regional diseñada para generar contrapesos ante figuras como el presidente colombiano, Gustavo Petro.
Como era de esperarse, las reacciones no tardaron en aparecer. Mientras los simpatizantes del correísmo ven en estas declaraciones una advertencia sobre la soberanía nacional, otros sectores políticos y analistas consideran que se trata de una narrativa sin sustento, orientada a desgastar la imagen internacional del presidente Noboa. Ante la falta de pruebas, la prudencia marca el tono de quienes piden evitar especulaciones que puedan comprometer las relaciones diplomáticas del país.











